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¿Qué significa realmente instruir a un hijo según la Biblia?

🌿 Crianza cristiana · Formación familiar

¿Qué significa realmente instruir a un hijo según la Biblia?

Una guía para entender la responsabilidad de formar a nuestros hijos, llevar la Palabra de Dios a la vida diaria y preparar su corazón para las decisiones que tendrán que tomar.

Por Yudelsi Hernández Más Integrados Crianza cristiana

Cuando tenemos hijos pequeños solemos pensar que todavía hay tiempo para enseñarles ciertas cosas. Sabemos que queremos hablarles de Dios, trabajar su carácter, enseñarles a tomar buenas decisiones y prepararlos para la vida, pero entre las necesidades del momento, la escuela, la casa, el trabajo y todo lo que implica criar una familia, algunas conversaciones importantes se van posponiendo.

Hasta que un día comienzan a aparecer situaciones para las que quizá no estábamos preparadas. Llegan amistades nuevas, conflictos en la escuela, acceso a pantallas, preguntas más difíciles, nuevas influencias y, posteriormente, la adolescencia. Entonces descubrimos algo que como madres necesitamos comprender cuanto antes: la instrucción es mucho más efectiva cuando comienza antes del problema y no solamente después de que algo salió mal.

No podemos evitarles a nuestros hijos todas las dificultades ni tomar por ellos cada decisión, pero podemos procurar que cuando tengan que decidir ya exista dentro de ellos una base. Que conozcan la verdad, sepan por qué creen lo que creen, hayan aprendido principios y puedan reconocer qué camino honra a Dios.

Eso es mucho más que corregir conductas. Eso es formar. Es preparar hoy el corazón, el pensamiento y el carácter que nuestros hijos necesitarán mañana.

1. ¿Qué significa realmente instruir?

Uno de los textos más conocidos cuando hablamos de la formación de nuestros hijos está en Proverbios 22:6. Probablemente lo hayas escuchado muchas veces, pero vale la pena detenernos y mirar con más atención qué nos está diciendo.

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.

Proverbios 22:6

Muchas veces hemos reducido la palabra instruir a decirle a un niño lo que tiene que hacer: “haz esto”, “no hagas aquello”, “compórtate así”. Sin embargo, la idea bíblica es mucho más rica. No estamos hablando únicamente de entregar instrucciones, sino de participar activamente en un proceso de formación.

Una mirada al texto original חנך — ḥānaḵ

El verbo hebreo relacionado con esta expresión puede transmitir las ideas de iniciar, entrenar o dedicar para un propósito. Esto nos ayuda a comprender que instruir no consiste solamente en decir algo una vez, sino en acompañar a nuestros hijos mientras aprenden a caminar en aquello que les estamos enseñando.

En la práctica, instruir significa explicarles el porqué de las cosas, mostrarles con nuestro propio ejemplo cómo se vive una verdad, darles oportunidades para practicarla y corregir cuando sea necesario. Algunas enseñanzas tendremos que repetirlas muchas veces y en distintas etapas, porque estamos ayudando a que poco a poco formen parte de su manera de pensar, decidir y actuar.

Pensemos, por ejemplo, en la honestidad. No queremos que nuestro hijo simplemente sea capaz de repetir que “mentir está mal”. Queremos ayudarlo a comprender por qué amamos la verdad, qué ocurre cuando una mentira rompe la confianza, cómo reconocer un error, cómo reparar el daño y qué hacer cuando decir la verdad tiene un costo.

Cuando trabajamos así, una regla que inicialmente viene de mamá o papá comienza poco a poco a convertirse en una convicción personal.

Uno de los grandes propósitos de la instrucción bíblica es que la Palabra de Dios no se quede solamente en aquello que nuestros hijos saben, sino que llegue a la manera en que viven y deciden.

2. Enseñar la Biblia y enseñar a vivirla

Siempre me ha gustado enseñarles de Dios a mis hijos. Desde pequeños procurábamos llevarlos a la iglesia, comprarles sus Biblias y buscar libros, actividades, juegos o cualquier recurso que pudiera ayudarnos.

Precisamente una de las razones por las que después comenzamos a crear nuestros propios materiales fue porque muchas veces no encontraba todo lo que necesitaba para las distintas edades de mis hijos. Quería que aprendieran la Palabra, sí, pero también que pudieran comprenderla de una manera cercana y aplicarla a aquello que estaban viviendo.

Con los años he comprendido todavía mejor algo: enseñar la Biblia también significa enseñar a usar lo aprendido en la vida real.

Por supuesto que quiero que mis hijos conozcan la creación, a Noé, a Abraham, a David, a los profetas, los Evangelios y toda la historia bíblica. Quiero que lean la Palabra, memoricen versículos y conozcan profundamente quién es Dios.

El problema aparece cuando todo ese conocimiento queda desconectado de lo que ocurre fuera del momento de lectura, del devocional o de la iglesia.

De la historia bíblica a una decisión real

Conocer la historia es importante. Aprender a vivir su verdad también.

🪨

David y Goliat

Un niño puede conocer perfectamente la historia de David y Goliat y, sin embargo, necesitar ayuda para comprender qué hacer con el miedo cuando otros se burlan de él, cuando se siente pequeño frente a un problema o cuando necesita actuar con valentía.

🌧️

Noé

Puede conocer a Noé y todavía necesitar aprender qué significa obedecer cuando los demás están tomando otro camino, cuando algo no parece tener sentido inmediatamente o cuando hacer lo correcto significa ser diferente.

🌳

Zaqueo

Puede conocer la historia de Zaqueo, pero necesitar que le ayudemos a comprender qué significa la honestidad cuando ha roto algo y teme decir la verdad, cuando tomó algo que no le correspondía o cuando necesita reparar un daño.

❤️

Jesús y el perdón

Puede saber que Jesús nos enseñó a perdonar, pero no saber cómo manejar la herida que le produjo un amigo, cómo poner límites saludables o cómo responder cuando alguien le pide perdón.

Por eso no queremos una fe que exista solamente durante el devocional, el domingo o mientras está abierta la Biblia. Queremos integrar a Dios en la vida diaria, de manera que nuestros hijos aprendan a reconocer que Su Palabra también tiene algo que decir sobre sus amistades, sus emociones, sus decisiones, sus errores y sus responsabilidades.

La fe también se enseña mientras vivimos

Cuando surge una situación en casa, cuando tenemos que pedir perdón, cuando cumplimos nuestra palabra, cuando manejamos el dinero, cuando hablamos de otras personas, cuando reaccionamos ante un problema o cuando reconocemos que nosotros mismos nos equivocamos, estamos mostrando a nuestros hijos cómo se ve aquello que les enseñamos.

Aquí nuestro ejemplo tiene un peso enorme. Porque podemos hablarles durante horas sobre dominio propio, pero ellos también observarán cómo respondemos cuando estamos cansadas. Podemos enseñarles sobre perdón, pero mirarán qué hacemos nosotras cuando alguien nos ofende. Podemos hablarles sobre verdad, pero aprenderán también de la manera en que nos comportamos cuando decir la verdad nos resulta incómodo.

La instrucción bíblica se vuelve mucho más comprensible cuando nuestros hijos pueden verla encarnada en la vida cotidiana.

3. Instruir no es lo mismo que corregir

Esta diferencia puede cambiarnos mucho la manera de criar.

La corrección normalmente aparece después de que algo ha sucedido. El niño mintió, no cumplió una responsabilidad, trató mal a su hermano o hizo algo que habíamos prohibido y entonces intervenimos.

La instrucción, en cambio, también trabaja antes.

Corrección

Después de lo ocurrido

Nos ayuda a intervenir cuando una conducta ya sucedió, explicar qué estuvo mal, establecer consecuencias cuando corresponda y enseñar una respuesta mejor.

Instrucción

Antes de que ocurra

Nos permite conversar, preparar, explicar principios y ayudar a nuestros hijos a pensar antes de tener que enfrentarse a una situación real.

Por ejemplo, si queremos formar a nuestros hijos en honestidad, no esperamos solamente a descubrir una mentira. Podemos hablar de la verdad mientras leemos una historia bíblica, conversar sobre situaciones que podrían suceder en la escuela, preguntarles qué harían si un amigo les pide guardar un secreto incorrecto o explicarles por qué es mejor reconocer un error que esconderlo.

Entonces, cuando llegue una situación real, esa no será la primera vez que hayan pensado en el tema.

Esto es muy práctico. Muchas veces no se trata de esperar hasta que aparezca el conflicto, sino de aprovechar etapas anteriores para preparar a nuestros hijos.

Podemos comenzar antes
📱

Antes de entregarles un móvil, podemos instruir sobre su uso, los límites, el contenido y las decisiones que tendrán que tomar.

🚶

Antes de que comiencen a salir solos, podemos hablar de decisiones, amistades, seguridad y límites.

🧭

Antes de que aparezca una presión concreta, podemos enseñarles a pensar cómo responder y qué principios deben orientar su decisión.

💬

Antes de que llegue la adolescencia, podemos construir una relación donde hacer preguntas difíciles sea algo normal.

No vamos a prever absolutamente todo. Eso sería imposible. Nuestros hijos vivirán situaciones que nunca imaginamos y tendrán que aprender también a caminar con Dios en medio de ellas.

Pero sí podemos pasar de una crianza basada principalmente en reaccionar a una crianza que también se ocupa de preparar.

4. Deuteronomio 6: la instrucción integrada a la vida

Si queremos saber cómo imaginaba Dios la enseñanza dentro de la familia, Deuteronomio 6:4-9 es fundamental.

Después de llamar a Su pueblo a amar a Dios con todo el corazón, alma y fuerzas, el Señor dice que Sus palabras deben estar primeramente en el corazón de los adultos y después ser enseñadas diligentemente a los hijos.

Y estas palabras que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.

Deuteronomio 6:6-7

El texto habla de conversar sobre ellas cuando estamos en casa, cuando vamos por el camino, al acostarnos y al levantarnos.

No describe únicamente un momento formal de enseñanza. Describe una vida donde Dios está presente en las conversaciones cotidianas.

Una mirada al texto original שָׁנַן — shānan

El verbo hebreo utilizado en Deuteronomio 6:7 tiene como sentido básico afilar y allí se utiliza figuradamente para comunicar una enseñanza diligente. La imagen es muy hermosa: una verdad va siendo trabajada una y otra vez hasta adquirir claridad y firmeza.

Esto no significa repetirles algo mecánicamente hasta cansarlos. Significa aprovechar la vida para enseñar.

Deuteronomio 6 en una familia de hoy

La enseñanza puede aparecer en momentos muy sencillos

🚗

Mientras vamos hacia la escuela y hablamos de algo que preocupa a nuestro hijo.

🍽️

Durante una comida familiar cuando surge una conversación importante.

📰

Cuando vemos una noticia y podemos analizar juntos lo que está ocurriendo.

🏅

Cuando alguien gana o pierde una competición y aparecen emociones que necesitan ser acompañadas.

🤝

Cuando nuestros hijos tienen un conflicto entre ellos y podemos enseñar perdón, dominio propio y restauración.

🌿

Cuando encontramos algo maravilloso en la naturaleza y reconocemos juntos la grandeza de nuestro Creador.

La vida diaria está llena de oportunidades para instruir. No todas requieren una lección preparada. Muchas nacen precisamente de aquello que la familia ya está viviendo.

Por eso una familia no necesita convertir su hogar en una escuela bíblica permanente. Necesita aprender a reconocer cuándo una situación cotidiana puede convertirse en una conversación que acerque a sus hijos a la verdad.

instruir a los hijos en la verdad

5. Los padres somos parte de la enseñanza

Hay una parte de Deuteronomio 6 que me confronta especialmente: antes de decirnos que enseñemos estas palabras a nuestros hijos, Dios dice que tienen que estar en nuestro propio corazón.

Eso significa que la crianza no solamente forma a nuestros hijos. También nos forma a nosotros.

Yo creo profundamente que la maternidad es una escuela en la que Dios trabaja con nosotras.

Nuestros hijos tienen caracteres diferentes y muchas veces justamente aquello que más nos cuesta manejar en ellos termina revelándonos áreas donde nosotras también necesitamos crecer.

Cuando la crianza también nos revela a nosotras

Un hijo insistente puede sacar a la luz nuestra impaciencia y mostrarnos cuánto necesitamos crecer en dominio propio.

💬

Un adolescente que cuestiona nuestras razones puede hacernos descubrir que algunas respuestas eran simplemente “porque siempre se hizo así”.

👂

Un conflicto puede mostrarnos que necesitamos escuchar mejor, comprender antes de responder y aprender nuevas maneras de acompañar.

🌱

Incluso aquello que inicialmente nos parece solamente molesto puede convertirse en una invitación de Dios a prepararnos, estudiar y madurar.

Esto cambia mucho la perspectiva.

En lugar de pensar únicamente “¿Cómo cambio a mi hijo?”, también podemos aprender a mirar hacia nuestro propio corazón.

Una pregunta para llevar a la oración

“Señor, ¿qué quieres trabajar en mí mientras me enseñas a acompañarlo?”

Cuando nos dejamos enseñar por Dios, hay beneficio para todos. Crecemos nosotras, mejora nuestra manera de relacionarnos y nuestros hijos reciben de una madre que también está avanzando.

No necesitamos tener todas las respuestas. Pero sí necesitamos mantener un corazón enseñable.

6. ¿En qué áreas debemos instruir a nuestros hijos?

A veces asociamos la palabra instrucción con enseñar responsabilidades: recoger, colaborar en casa, estudiar, organizarse, respetar horarios o aprender tareas que les servirán cuando sean adultos.

Todo eso es importante y forma parte de su preparación.

Pero la instrucción de nuestros hijos abarca muchísimo más.

No estamos preparando solamente niños que sepan cumplir tareas. Estamos acompañando a personas que necesitarán pensar, decidir, relacionarse, trabajar, amar, administrar, enfrentar dificultades y caminar con Dios.
Áreas que también necesitan formación
❤️ Carácter
🙏 Fe
Responsabilidad
🧠 Pensamiento
🧭 Discernimiento
🤝 Relaciones
🌿 Emociones
📅 Hábitos
💰 Administración
🛠️ Trabajo
🌱 Respeto
📱 Tecnología
💬 Amistad
🔎 Verdad
🦁 Valentía
👣 Obediencia
⚖️ Decisiones
🌸 Sexualidad

Y cada etapa traerá nuevas áreas y nuevas conversaciones.

El principio permanece, la enseñanza crece
1

En la infancia

Podemos comenzar con cosas aparentemente sencillas, como esperar su turno, compartir, obedecer una instrucción, reconocer una emoción o aprender a pedir perdón.

2

Cuando van creciendo

Podemos profundizar en el dominio propio, la responsabilidad, la manera de tratar a otras personas, el uso del tiempo, la verdad y las consecuencias de nuestras decisiones.

3

En la adolescencia

Aparecen conversaciones más complejas sobre presión de grupo, relaciones, identidad, sexualidad, contenido que consumen, amistades, tecnología, decisiones y convicciones personales.

El principio sigue siendo el mismo, pero la manera de enseñar tiene que crecer junto con nuestros hijos.

Por eso criar requiere aprendizaje.

No podemos utilizar exactamente las mismas herramientas a los cinco, diez y quince años. Nuestros hijos cambian, las preguntas cambian y también nosotras necesitamos seguir aprendiendo cómo acompañarlos en cada nueva etapa.

7. El objetivo no es controlar, sino formar criterio

Cuando nuestros hijos son pequeños aceptan muchas explicaciones simplemente porque somos sus padres. Más adelante comienzan a preguntar:

“¿Pero por qué?”

Y muchas veces ese “¿por qué?” nos incomoda.

Sin embargo, puede convertirse en una magnífica oportunidad.

En ocasiones son nuestros propios hijos quienes nos hacen descubrir que necesitamos razones mejores. Nos llevan a estudiar, revisar algunas ideas, buscar lo que realmente dice la Biblia y diferenciar entre un principio de Dios, una regla de nuestra familia y una costumbre que simplemente heredamos.

No todo tiene el mismo peso
📖

Un principio de Dios

Tiene su fundamento en la Palabra y no depende únicamente de nuestras preferencias personales.

🏠

Una regla de nuestra familia

Puede ser necesaria y sabia para nuestro hogar, aunque otras familias organicen ese aspecto de manera diferente.

🧳

Una costumbre heredada

Puede ser buena, indiferente o incluso necesitar revisión. Haberlo hecho siempre de una manera no significa automáticamente que sea un principio bíblico.

Eso también es crecimiento.

Porque llegará una edad en la que ya no podremos estar presentes en cada decisión. No estaremos sentadas a su lado cuando alguien les ofrezca algo incorrecto, cuando tengan que elegir amistades, cuando comiencen una relación o cuando se enfrenten a determinadas conversaciones.

Por eso el objetivo final no puede ser que nuestros hijos hagan lo correcto únicamente porque mamá está mirando.

Queremos formar en ellos un criterio que poco a poco les permita detenerse, pensar y buscar dirección antes de decidir.

Preguntas que queremos enseñarles a hacerse
01 ¿Qué es verdad?
02 ¿Qué dice Dios?
03 ¿Qué consecuencias puede tener esto?
04 ¿Es sabio?
05 ¿Honra al Señor?

Eso es muy diferente del simple control.

La obediencia durante la infancia es necesaria y la autoridad de los padres también lo es, pero estamos preparando personas que progresivamente tendrán que asumir responsabilidad delante de Dios por sus propias decisiones.

No estamos criando niños para que dependan eternamente de nuestras instrucciones. Estamos formando futuros adultos capaces de caminar con Dios.

8. Proverbios 22:6 y la responsabilidad de instruir

Volvamos entonces a Proverbios:

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.

Proverbios 22:6

Quiero que tomemos esta palabra seriamente.

No como una excusa para pensar: “Bueno, yo le dije algunas cosas cuando era pequeño y si se aparta ya volverá”, sino como un llamado a asumir nuestra responsabilidad de formar, enseñar y acompañar.

Una consideración importante

Proverbios pertenece a la literatura sapiencial. Sus enseñanzas presentan principios de sabiduría sobre cómo vivir y sobre el fruto que normalmente produce determinado camino.

Por eso debemos tomar Proverbios 22:6 con toda seriedad, pero sin convertirlo en una fórmula matemática mediante la cual podamos controlar cada decisión futura de nuestros hijos.

Y esto es especialmente importante para las madres que hoy tienen un hijo atravesando una etapa difícil.

Puedes aferrarte a la Palabra de Dios, orar por él, recordar delante del Señor todo lo que fue sembrado y mantener viva tu esperanza.

Pero no necesitas transformar esa situación automáticamente en una condena contra ti misma.

Tal vez hay cosas que revisar. Si las hay, pidamos a Dios que nos las muestre. Tal vez necesitamos pedir perdón, restaurar una relación, aprender otra forma de comunicarnos o reconocer que hubo áreas que nunca trabajamos suficientemente.

Pero nuestra respuesta sigue siendo acercarnos a Dios.

Responsabilidad

Preguntar: “¿Qué puedo aprender y hacer ahora?”

Revisar, pedir perdón cuando sea necesario, aprender nuevas herramientas, restaurar relaciones y volver a sembrar verdad con paciencia.

Esperanza

Recordar que Dios sigue obrando

Nuestro trabajo como padres importa, pero la historia de nuestros hijos no depende únicamente de nuestra capacidad. Podemos seguir orando, acompañando y confiando en Dios.

🌿
No pierdas de vista esto

Hay esperanza en Él.

La Biblia está llena de personas normales que vivieron circunstancias que parecían imposibles y vieron intervenir a un Dios extraordinario.

Si creemos en el Dios real de las Escrituras, también tenemos que aprender a mirar nuestras familias desde la esperanza y no solamente desde aquello que nuestros ojos ven hoy.

Nuestra responsabilidad es sembrar, enseñar, acompañar y volver una y otra vez a Dios. La esperanza nos recuerda que Él puede seguir obrando aun en aquello que hoy todavía no vemos.

9. Si tus hijos son pequeños, comienza ahora

Si tienes niños pequeños, probablemente nunca habrá un momento en el que digas: “Ahora sí tengo todo el tiempo necesario para instruirlos perfectamente”.

Comienza con lo que tienes.

Habla con ellos. Explícales tus razones. Ora con ellos. Lee la Biblia de acuerdo con su edad. Utiliza situaciones reales. Enséñales a pedir perdón y permite que también te vean pedir perdón.

No tienes que intentar trabajar todo al mismo tiempo. Muchas veces es mejor escoger una cosa, ser constantes durante un tiempo y después avanzar hacia la siguiente.

Trabaja una cosa a la vez. Los pequeños hábitos familiares que hoy parecen insignificantes pueden convertirse mañana en referencias muy profundas para ellos.

Cuando enseñamos a un niño pequeño que en casa decimos la verdad, que terminamos aquello que comenzamos, que ayudamos aunque no siempre tengamos ganas o que acudimos a Dios cuando tenemos miedo, estamos construyendo mucho más que una conducta para ese día.

Poco a poco esas experiencias van formando una manera de pensar y de vivir. Algunas de las conversaciones que hoy parecen sencillas pueden acompañarlos durante muchos años.

Estamos colocando fundamentos.

10. Si tienes adolescentes, todavía hay mucho que construir

Quizá al leer esto piensas: “Ojalá hubiera entendido algunas de estas cosas cuando eran pequeños”.

Pero tener un adolescente no significa haber perdido la oportunidad.

Lo que cambia es la manera de instruir.

A medida que crecen necesitamos aprender a conversar más, escuchar mejor, explicar nuestras razones, hacer preguntas y permitir que ellos también procesen aquello que creen.

Y sí, a veces los adolescentes cuestionan cosas que nosotros nunca habíamos cuestionado. Puede resultar agotador, pero también puede obligarnos a profundizar.

Quizá hasta ahora respondíamos: “Eso es así porque sí”.

Y de repente tenemos delante a una persona que quiere saber por qué.

Una respuesta mucho más valiosa puede ser: “Vamos a buscarlo juntos”.

Nuestros hijos también pueden empujarnos a conocer mejor a Dios, revisar aquello que creemos y aprender a dar razones más profundas.

Y si hoy tienes un hijo que está lejos de aquello que le enseñaste, tampoco pierdas la esperanza. Sigue orando, sigue amando, revisa lo que necesites revisar y deja que Dios también te muestre cuándo hablar, cuándo escuchar y cómo mantener abierta la relación.

Todavía hay camino.
Red Arivopa

11. Las madres también necesitamos aprender

Invertimos muchísimo tiempo en aprender cosas para nuestro trabajo, nuestra casa, nuestros negocios o incluso nuestros hobbies, pero a veces suponemos que para criar debería bastarnos con la intuición.

Y estamos tratando con personas.

Personas con temperamentos distintos, etapas diferentes, emociones, preguntas y necesidades que van cambiando.

Necesitamos aprender.

Yo misma he hecho cursos, he leído, investigado y buscado herramientas durante años porque cada etapa me ha mostrado algo nuevo que necesitaba comprender.

Y eso no significa sustituir la Biblia por teorías humanas. Significa aprender todo aquello que pueda ayudarnos y después volver siempre a una pregunta fundamental:

¿Cómo se alinea esto con la Palabra de Dios?

En Más Integrados queremos trabajar precisamente así. No solamente queremos darte una respuesta rápida. Queremos ayudarte a pensar, analizar, aprender, revisar aquello que quizá debamos desaprender, renovar nuestra manera de pensar según la Palabra y avanzar con una acción concreta.

Porque saber algo y no llevarlo a la vida tampoco transforma demasiado.

Aprender también forma parte de nuestra responsabilidad como madres: seguir creciendo para poder acompañar mejor.

12. ¿Estoy instruyendo a mis hijos o solamente corrigiéndolos?

No voy a añadir aquí veinte preguntas porque quiero que hagamos algo mejor.

Hemos preparado un recurso gratuito para ayudarte a analizar con tranquilidad cómo estás viviendo actualmente la instrucción en casa.

Recurso gratuito

Checklist: “¿Estoy instruyendo a mis hijos o solo corrigiéndolos?”

No es un examen para medir si eres una “buena o mala madre”. Queremos ayudarte a identificar en qué áreas ya estás formando intencionalmente y cuáles quizá necesitan más atención.

Vamos a revisar aspectos como fe y conocimiento de Dios, carácter, obediencia, comunicación, decisiones, ejemplo de los padres, vida cotidiana y preparación para la autonomía.

Y al final tendrás un espacio para decidir:

¿Qué área voy a comenzar a trabajar intencionalmente con mis hijos?

QUIERO MI CHECKLIST GRATUITO

Te lo enviaremos a tu correo para que puedas hacerlo con calma.

A veces no necesitamos cambiar veinte cosas de golpe. Necesitamos reconocer con claridad cuál es el siguiente paso y comenzar por ahí.

13. No tienes que inventarlo todo desde cero

Sé perfectamente que una cosa es comprender la importancia de instruir y otra pensar:

“Muy bien, pero ¿cómo preparo todo esto?”

Precisamente ahí queremos ayudarte.

Nosotros ya hemos invertido muchísimo tiempo investigando, creando, probando ideas con distintas edades y preguntándonos continuamente qué queremos conseguir con cada material.

Por eso creamos Verano con Propósito.

No queríamos fabricar actividades al azar ni juntar cientos de páginas simplemente para poder decir que tenemos mucho contenido.

Partimos de una pregunta:

¿Qué queremos que nuestros hijos aprendan realmente?

Queremos que conozcan a Dios y que después aprendan cómo vive una persona que conoce a Dios.

Por eso el recorrido tiene una lógica.

Durante el primer mes trabajamos grandes verdades que ayudan a los niños y adolescentes a conocer quién es Dios, Su Palabra y Su carácter. Durante el segundo avanzamos hacia la aplicación: cómo vivimos como hijos de Dios, trabajando principios como obediencia, valentía, honestidad, amor y perdón.

Primer mes

Conocer a Dios

Verdades fundamentales sobre quién es Dios, Su Palabra y Su carácter.

Segundo mes

Vivir como hijos de Dios

Obediencia, valentía, honestidad, amor, perdón y aplicación a la vida diaria.

Sí, dentro encontrarás historias, videos, ebooks, juegos, preguntas, retos, actividades, pasaporte bíblico, mapa, insignias y muchísimo contenido.

Pero el valor no está simplemente en la cantidad de recursos.

Está en el recorrido que los conecta.

Está en las preguntas que hacen pensar, en las situaciones que llevan una verdad bíblica a la vida cotidiana, en contenidos adaptados para niños y adolescentes y en una guía para padres que te ayuda a saber cómo acompañar el proceso.

Y también está en que tú no tienes que comenzar cada semana delante de una pantalla preguntándote: “¿Qué puedo preparar ahora?”

Nosotros hemos dedicado ese tiempo para que tú puedas dedicar el tuyo a algo mucho más importante: estar con tus hijos y recorrer el camino junto a ellos.
Verano con Propósito - programa bíblico para niños, adolescentes y familias
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Un recorrido bíblico guiado para niños, adolescentes y familias.

CONOCER VERANO CON PROPÓSITO

14. La instrucción comienza hoy, pero continúa mañana

No sabemos qué situaciones tendrán que enfrentar nuestros hijos dentro de cinco o diez años. Lo que sí sabemos es que llegará un momento en el que muchas de sus decisiones ya no estarán en nuestras manos.

Por eso vale la pena comenzar hoy.

No desde el miedo.

Desde la responsabilidad.

No intentando criar hijos perfectos.

Intentando formar hijos que conozcan a Dios, conozcan Su Palabra y aprendan a acudir a Él cuando tengan que decidir.

Y mientras hacemos ese trabajo, dejemos también que Dios continúe trabajando en nosotras.

Porque cuando una madre se deja enseñar, una familia entera puede beneficiarse.
Continuemos esta conversación

¿Y si estoy instruyendo, pero mi hijo no me obedece?

Esta es probablemente una de las preguntas que aparecen después de leer todo esto:

“Yo explico, enseño y repito… pero mi hijo sigue sin obedecer. ¿Qué hago?”

Porque instruir no significa eliminar inmediatamente cada conducta difícil, y tampoco debemos confundir obediencia con conseguir que nuestros hijos hagan algo solamente porque hemos gritado más fuerte.

En el próximo artículo vamos a trabajar precisamente esto:

Mi hijo no me obedece: cómo enseñar obediencia sin gritos, amenazas ni luchas constantes

Vamos a hablar de instrucción, autoridad, límites, consecuencias, constancia y obediencia bíblica, y de algo fundamental: cómo pasar de conseguir una respuesta momentánea a formar progresivamente un corazón que comprenda por qué obedecer.

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