¿Qué significa realmente instruir a un hijo según la Biblia?
Una guía para entender la responsabilidad de formar a nuestros hijos, llevar la Palabra de Dios a la vida diaria y preparar su corazón para las decisiones que tendrán que tomar.
Cuando tenemos hijos pequeños solemos pensar que todavía hay tiempo para enseñarles ciertas cosas. Sabemos que queremos hablarles de Dios, trabajar su carácter, enseñarles a tomar buenas decisiones y prepararlos para la vida, pero entre las necesidades del momento, la escuela, la casa, el trabajo y todo lo que implica criar una familia, algunas conversaciones importantes se van posponiendo.
Hasta que un día comienzan a aparecer situaciones para las que quizá no estábamos preparadas. Llegan amistades nuevas, conflictos en la escuela, acceso a pantallas, preguntas más difíciles, nuevas influencias y, posteriormente, la adolescencia. Entonces descubrimos algo que como madres necesitamos comprender cuanto antes: la instrucción es mucho más efectiva cuando comienza antes del problema y no solamente después de que algo salió mal.
No podemos evitarles a nuestros hijos todas las dificultades ni tomar por ellos cada decisión, pero podemos procurar que cuando tengan que decidir ya exista dentro de ellos una base. Que conozcan la verdad, sepan por qué creen lo que creen, hayan aprendido principios y puedan reconocer qué camino honra a Dios.
1. ¿Qué significa realmente instruir?
Uno de los textos más conocidos cuando hablamos de la formación de nuestros hijos está en Proverbios 22:6. Probablemente lo hayas escuchado muchas veces, pero vale la pena detenernos y mirar con más atención qué nos está diciendo.
Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.
Proverbios 22:6Muchas veces hemos reducido la palabra instruir a decirle a un niño lo que tiene que hacer: “haz esto”, “no hagas aquello”, “compórtate así”. Sin embargo, la idea bíblica es mucho más rica. No estamos hablando únicamente de entregar instrucciones, sino de participar activamente en un proceso de formación.
El verbo hebreo relacionado con esta expresión puede transmitir las ideas de iniciar, entrenar o dedicar para un propósito. Esto nos ayuda a comprender que instruir no consiste solamente en decir algo una vez, sino en acompañar a nuestros hijos mientras aprenden a caminar en aquello que les estamos enseñando.
En la práctica, instruir significa explicarles el porqué de las cosas, mostrarles con nuestro propio ejemplo cómo se vive una verdad, darles oportunidades para practicarla y corregir cuando sea necesario. Algunas enseñanzas tendremos que repetirlas muchas veces y en distintas etapas, porque estamos ayudando a que poco a poco formen parte de su manera de pensar, decidir y actuar.
Pensemos, por ejemplo, en la honestidad. No queremos que nuestro hijo simplemente sea capaz de repetir que “mentir está mal”. Queremos ayudarlo a comprender por qué amamos la verdad, qué ocurre cuando una mentira rompe la confianza, cómo reconocer un error, cómo reparar el daño y qué hacer cuando decir la verdad tiene un costo.
Cuando trabajamos así, una regla que inicialmente viene de mamá o papá comienza poco a poco a convertirse en una convicción personal.

